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miércoles, 7 de septiembre de 2016

miércoles, 27 de noviembre de 2013

La ética del comercio y su impacto en la economía de las naciones


Índice
1.      El concepto de ética
2.      Adam Smith y su visión de los comerciantes y el comercio
3.      Interés, precio justo e  inflación
4.      La causa principal de la inflación es el egoísmo humano
5.      No puede haber ética en el comercio sin una concepción ética de la vida
6.      ¿Qué pasa cuando el Estado se convierte en comerciante?
7.      Conclusión

1.      El concepto de ética
La palabra ética proviene del Latín ethicum. El diccionario define la palabra ética como 1. Parte teórica de la valoración moral de los actos humanos. Sinónimo: moral. 2. Filosofía: Conjunto de principios y normas morales que regulan las actividades humanas.

2.      Adam Smith y su visión de los comerciantes y el comercio
Adam Smith (1723-1790) fundador del Liberalismo Económico, era un filósofo de una arraigada postura ética, creyente en las virtudes derivadas de un orden providencial. Contrariamente a lo que muchas personas puedan creer, Adam Smith no era un defensor a ultranza del capitalismo sin límites. Una de las frases más famosas de su libro La Riqueza de las Naciones, ilustra claramente lo afirmado anteriormente; ese concepto es el siguiente: “Los comerciantes del mismo rubro rara vez se reúnen, incluso para entretenimiento y diversión, sin que la conversación termine en una conspiración contra el público, o en alguna estratagema para aumentar los precios.”
Smith tenía recelo hacia los comerciantes porque pensaba que éstos procuraban eliminar la competencia, crear monopolios y vender al más alto precio posible, hechos que consideraba contrarios a su visión ética de la vida y a su concepción liberal de la economía.
En diversas partes de su obra cumbre, La Riqueza de las Naciones, Smith reflexiona sobre los comerciantes y el comercio. Por ejemplo, en el capítulo IV del libro primero “Sobre el Origen y Uso de la Moneda”, Smith afirma que todos los hombres tienen algo de mercader. En el capítulo IX referido a “Los Beneficios del Capital”, asegura que “los comerciantes y fabricantes se quejan generalmente de los malos efectos de los salarios altos, porque suben el precio y perjudican la venta de sus mercancías, tanto en el interior como en el extranjero. Pero nada dicen sobre las malas consecuencias de los beneficios altos. Guardan silencio profundo por lo que respecta a los efectos perniciosos de sus propios beneficios y sólo se quejan de los ajenos.”
En el capítulo IV del libro tercero referido a “Cómo el Comercio de las Ciudades Contribuyó al Progreso de los Distritos Rurales”, afirma lo siguiente: “se dice vulgarmente de un comerciante y, con visos de verdad, que no es necesariamente ciudadano de un país determinado. Por su profesión, le es casi indiferente cualquier lugar de residencia y basta un leve disgusto para que traslade su capital de un país a otro y, con él, toda la industria que dependía de sus inversiones. Su capital no puede decirse con propiedad que pertenezca a un país más que a otro, hasta que se haya derramado por la superficie del país, arraigando en edificios o en mejoras de carácter permanente.”
En el capítulo II del libro IV, “Sobre los Sistemas de Economía Política” asegura que “Podemos decir en su honor que los dueños de la tierra y los colonos son las personas menos imbuidas del maldito espíritu de monopolio.” Y agrega después que “Los colonos y los propietarios, dispersos en varias partes del país, no pueden confabularse tan fácilmente como los comerciantes y fabricantes, pues estos, juntos en las ciudades y acostumbrados a aquél espíritu gremial del monopolio exclusivo que entre ellos prevalece, procuran conseguir contra todos sus compatriotas los mismos privilegios exclusivos que obtuvieron contra los demás habitantes del pueblo en que residen. Fueron ellos, según creencia general, los primeros inventores de aquellas restricciones sobre la introducción de mercaderías extranjeras que les aseguraron el monopolio del mercado interno.”
Estos  conceptos del fundador del Liberalismo Económico ponen en evidencia su clara comprensión del papel que jugaban los comerciantes en la sociedad y demuestran la manipulación que se ha hecho de sus ideas a través del tiempo para justificar la no intervención del Estado en la economía. En verdad, Adam Smith nunca dijo explícitamente que estaba de acuerdo con el control de precios, pero de sus razonamientos se deduce que estaba consciente que los comerciantes y el comercio llevan cada uno en sí mismo el germen de la especulación.

3.      Interés, precio justo e inflación
La crítica al interés y la usura aparece por primera vez en la historia del mundo occidental en el Antiguo Testamento. Luego, en la civilización griega, se dan los primeros pasos para la creación de la economía; fue un presocrático, Xenofonte (430-355 A.C), en su obra Oeconomica, el creador del concepto y se refería, esencialmente, a la administración de la casa. Después,  Platón (427-347 A.C),  en su libro La República, condena la usura mientras que Aristóteles (384-322 A.C) en su Ética, censura también el cobro de interés y la usura, crea las bases de la teoría del valor y la división del trabajo. La Antigua Roma sufrió las consecuencias de la inflación y ello provocó grandes conflictos, al extremo de que el emperador Diocleciano se vio obligado a decretar el control de precios y establecer la pena de muerte para quienes lo violaran. Después, en la Edad Media, el tema adquiere gran relevancia con las reflexiones de Santo Tomás de Aquino (1225-1274) en su Summa Teológica, en la que proscribe la usura y aboga por el precio justo.
Nicolás Oresme (1340-1382), escribe el primer tratado de economía monetaria, en el que critica la tendencia a disminuir el contenido de oro y plata de las monedas y considera los efectos de estas medidas sobre los precios; es pues, Nicolás Oresme, el precursor del concepto que atribuía a las monedas de menor valor el desplazamiento de las monedas de mayor valor, idea desarrollada tiempo después, en el siglo XVI, por Thomas Gresham, asesor de la Reina Isabel I de Inglaterra.
Las obras de Xenofonte, Platón, Aristóteles y Diocleciano en la Edad Antigua y de Santo Tomás de Aquino y Nicolás Oresme en la Edad Media, representan el ideario económico de cada una de esas épocas.
Pero es en la Edad Moderna, a partir del descubrimiento de América (1492), que el pensamiento económico va a desarrollarse en forma intensa. La preocupación fundamental de los primeros estudiosos de la economía fue por los asuntos monetarios ya que  la llegada a Europa de inmensas cantidades de oro y plata provenientes de América provocó grandes cambios en la economía, entre ellos la inflación.
La primera doctrina económica fue el Mercantilismo (siglos XVI al XVIII). El Mercantilismo consideraba que la riqueza de las naciones estaba constituida por la cantidad de metales preciosos acumulados y que para obtener esa riqueza era necesario tener una posición privilegiada en el comercio internacional, mediante la exportación de la mayor cantidad de bienes y le importación de lo estrictamente necesario. El Mercantilismo propugnaba la intervención del Estado en la economía para garantizar los propósitos antes explicados. El filósofo francés Jean Bodin (1530-1596),  fue el primer expositor de la doctrina mercantilista en su libro, La República, en el que hace además un estudio del aumento de los precios y una defensa de la propiedad privada. Este trabajo de Jean Bodin  abre, pues, las puertas a los grandes temas del moderno pensamiento económico: el proteccionismo y el librecambio, el liberalismo y socialismo. A partir de allí es que se desarrolla toda la estructura conceptual económica moderna. En Inglaterra, el fundador del Mercantilismo es Thomas Mun (1571-1641), con su obra England’s Treasure by Foreign Trade.  En el siglo XVIII, en oposición al Mercantilismo surge la doctrina Fisiócrata, cuyo principal exponente fue el médico francés, Francoise Quesnay (1694-1774),  luego, apareció el Liberalismo Económico, cuya máxima figura es Adam Smith (1723-1790) y, casi un siglo después, Carlos Marx (1818-1883), publica sus obras, las cuales constituyen una negación de los principios del Liberalismo Económico.
En las cuatro principales doctrinas económicas, el Mercantilismo, la Fisiocracia, el Liberalismo Económico y el Marxismo, estuvo siempre presente el tema de la libertad de comercio dentro de los países y entre las naciones, unas veces en forma explícita y otras veces en forma implícita.  En el siglo XX el tema ocupó la atención de gobernantes y estudiosos de la economía, especialmente a partir de la década de los noventa, como consecuencia de la imposición del Neoliberalismo a las naciones en desarrollo, por parte de los organismos financieros internacionales.
El interés, el precio justo y la inflación han sido relacionados siempre con dos hechos prácticos: a) la libertad económica o su restricción por parte del Estado y b) con la abundancia o restricción de dinero. Los creyentes en la Teoría Cuantitativa del Dinero atribuyen la inflación a la sobre abundancia de dinero, pero en diversos momentos históricos se ha demostrado que esa premisa no es una verdad universal única, sino una verdad relativa, que depende de diversos factores como la capacidad ociosa de la economía.  Por ejemplo, una economía con capacidad ociosa puede reaccionar rápidamente a los estímulos monetarios y aumentar la oferta de bienes y servicios sin cambios notables en los niveles de precio.
David Hume (1711-1776), en su ensayo sobre el dinero, fue el primero en demostrar los efectos positivos de una expansión monetaria y lo explicó a través de su teoría de la inflación beneficiosa. Tres siglos después de Hume, otro inglés, John Maynard Keynes (1883-1946), ampliaría y fortalecería la tesis de Hume, en su libro Teoría General de la Ocupación el Interés y el Dinero, que serviría de base para superar la Gran Depresión de los años treinta del siglo XX. Al publicarse la teoría, surgieron críticos que aseguraban que la tesis no resolvería los problemas económicos a largo plazo. Para responder a esa objeción, Keynes respondió simplemente que a largo plazo todos estaremos muertos, demostrando de esa manera que lo importante es lo que ocurre aquí y ahora, porque nadie puede saber qué sucederá en el futuro.
La tesis de Keynes tuvo treinta años continuos de éxito y ese período histórico fue llamado la Era de Keynes; abarcó desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta fines de los años setenta cuando nuevamente la economía mundial volvió a entrar en crisis, como consecuencia de las manipulaciones monetarias realizadas a principios de la década por Alemania y otros países europeos, hechos que condujeron a la devaluación del dólar en 1971 y, luego, a la crisis por el aumento de los precios del petróleo desde 1973. A partir de esos hechos reaparecieron en escena los críticos del modelo keynesiano encabezados por la Escuela de Chicago, que atribuían la crisis, entre otros factores, a la intervención del Estado en la economía, a la política de bienestar que ampliaba los beneficios sociales a todos los sectores de la sociedad y a las consecuencias monetarias de esa política. Primero fue la Primer Ministro de Inglaterra, Margaret Thatcher, quien asumió los principios esbozados por la Escuela de Chicago, cuyo principal representante era el profesor Milton Friedman. Luego, el presidente de Estados Unidos, Ronald Regan, adoptó la política y de allí en adelante esos principios se convirtieron en la cartilla de los organismos financieros internacionales, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.    
Friedman intentó recuperar e imponer el pensamiento de Adam Smith respecto a la no intervención del Estado en la economía y, a la vez, la esencia de la Teoría Cuantitativa del Dinero, que atribuye a la expansión de la masa monetaria la causa de la inflación. Era, pues, el punto de vista opuesto a la idea de Keynes. Sin embargo, cabe destacar que Friedman nunca desconoció los efectos que a corto plazo se derivan de la expansión monetaria en términos de  aumento de la producción y el empleo ni le atribuyó la causa de la inflación en lo inmediato, como lo demostró la realidad entre fines de la Segunda Guerra Mundial y la década de los setenta, período de expansión del empleo, la producción y mínima inflación.  La objeción de Friedman a la teoría de Keynes era esencialmente por sus consecuencias a largo plazo pero reconocía sus efectos positivos en lo inmediato. Podemos decir, en síntesis, que la concepción de Keynes respecto a los beneficios del aumento de la inversión sobre el empleo, la producción y los precios no ha podido ser desmentida hasta ahora.

4.      La causa principal de la inflación es el egoísmo humano
Las explicaciones anteriores se justifican, porque la inflación y la especulación muchas veces pretenden ser explicadas o justificadas debido al incremento del gasto público y/o el crecimiento de la liquidez en las economías. No se puede negar que uno y otro elemento pueden tener una incidencia en la inflación cuando, en efecto, la abundancia de dinero no guarda relación con la cantidad de bienes y servicios existentes en un momento dado. Pero, en mi opinión, esa no es la causa principal de la inflación. La causa principal de la inflación es el egoísmo humano que no conoce límites a la acumulación de riquezas y cuyo objetivo es acumular y acumular.
En el libro Apreciación crítica de la política monetaria, el bolívar oro (1), publicado por Monte Ávila Editores Latinoamericana en el año 2007, explicaba que las causas de la inflación son entre otras: a) la devaluación de las monedas, b) la usura, c) la presión tributaria, d) el aumento del precio de los insumos y servicios básicos y e) el incremento de la demanda ante una oferta insuficiente, es decir, la existencia de medios de pago superiores a la cantidad de bienes y servicios existentes en una sociedad.
En los países afectados por variaciones extremas de precios están presentes uno o varios de los factores señalados anteriormente pero, en mayor grado, la propensión hacia la especulación. Es decir, la tendencia a invocar la existencia de cualquiera de los factores antes explicados para justificar la elevación de los precios en forma arbitraria. Esa,  pues, es la actitud a la que se refería claramente Adam Smith.

5.      No puede haber ética en el comercio sin una concepción ética de la vida
En el ensayo intitulado Países salvajes y países avanzados (2), decía que “Lo que distingue a un país salvaje de un país avanzado es que en los países salvajes la conducta de una parte importante de sus ciudadanos está en contraposición con los valores morales definidos en los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, mientras que en los países avanzados la mayoría de su población si respeta esos principios”.
La ética del comercio está vinculada directamente a dos mandamientos fundamentales: a) No robarás y b) No codiciarás los bienes ajenos.     
El problema es que desde el principio de los tiempos, el hombre ha violado esos principios. El mundo actual no es una excepción y sólo en muy pocos países se puede decir que existe respeto por esos principios fundamentales.
Hay países donde la situación es peor que en otros. Son naciones en las que no existen límites a las ganancias especulativas. Altas tasas de interés, usura, especulación con la comida, las medicinas, la vivienda y otros bienes y servicios esenciales, son elementos comunes en esos países. Cuando ello ocurre, las posibilidades de desarrollo desaparecen o son mínimas.

6.      ¿Qué pasa cuando el Estado se convierte en comerciante?
El otro grave problema que enfrentan las naciones es que muchos dirigentes políticos malinterpretan el significado de la política y convierten a los Estados en comercios y/o empresas privadas. En algunos casos, en pleno siglo XXI,  han llegado hasta a crear o contratar ejércitos privados, compañías de mercenarios para operar en escenarios de guerra.
Ese tipo de dirigentes cree que la política y el Estado es un negocio que debe ser rentable y pretenden que las actividades públicas como la salud, la educación, la infraestructura y otros servicios públicos proporcionen ganancias. Cuando ello ocurre, se le hace un gran daño a la sociedad en su conjunto. Eso es lo que está pasando hoy en día en Europa, en países como Portugal, España, Italia y Grecia, que han reducido la inversión pública para privatizar los servicios más esenciales.

7.      Conclusión
Sólo la acción de los Estados puede impedir la usura y la especulación, a través de leyes y acciones morales para sancionar ese tipo de conductas. La competencia en el mercado no es suficiente para mantener los precios en niveles justos, porque en el mercado existen tendencias especulativas irrefrenables, motivadas por la conducta egoísta cuyo único objetivo es tener más dinero. La comprensión de esta realidad es algo esencial.  Adam Smith, el padre del Liberalismo Económico no dijo nunca esto en forma explícita, pero de sus conceptos sobre el comercio y los comerciantes, se infiere claramente que, moralmente, Smith creía que era necesario poner freno a las conductas especulativas en la sociedad.
(1)    Pablo Rafael González. Apreciación crítica de la política monetaria, el bolívar oro. Monte Ávila Editores Latinoamericana, página 138. Caracas, 2007.






domingo, 19 de mayo de 2013

Cómo resolver el problema monetario y cambiario de Venezuela


Índice
  1. Presentación
  2. Las alternativas
  3.  ¿Cuál sería la solución?
  4. ¿Por qué se adoptó y se mantiene el control de cambio?
  5. ¿Se puede liberar el mercado cambiario sin que se afecten las reservas del Banco Central?
  6. ¿Cómo quedarían las reservas del Banco Central?
  7. Las medidas concretas
  8. Efectos de esas medidas
  1. Presentación
En Venezuela abundan expertos cuya especialidad es hacer diagnósticos presentando panoramas sombríos pero muy pocos plantean soluciones posibles, factibles de realizar. El otro obstáculo es que quienes dirigen las instituciones tampoco se atreven a explorar nuevos caminos, es decir, a innovar para solucionar los problemas. Eso es lo que ha ocurrido con la situación monetaria y cambiaria desde el año 1983 cuando en tiempos del presidente Luis Herrera Campins se devaluó la moneda y desde entonces el país ha estado sumergido en el círculo vicioso devaluación-inflación-devaluación del que no ha podido salir.  Prueba de lo anteriormente afirmado es que este año 2013 Venezuela cumple treinta años con un control de cambio y una devaluación acumulada de 146.511 por ciento, ya que la cotización de la divisa norteamericana pasó de 4,30 a 6.300 bolívares entre 1983 y este año 2013; recuérdese que en el año 2008 se le quitaron los tres ceros a la moneda, por lo que Bs. 6,30 de ahora equivalen a 6.300 bolívares del 2008, pero si se consideran las cifras del mercado que no se puede nombrar la devaluación es verdaderamente escandalosa. Por esas razones se justifica plantear soluciones a ese grave problema que afecta la vida de todos los ciudadanos.
Para comprender en forma práctica cómo funciona la economía de un país podemos compararla al funcionamiento de otro sistema complejo,  el cuerpo humano, que trabaja en forma armónica: si se produce una  alteración en cualquiera de sus órganos el sistema en su conjunto se afecta. Esto lo comprendieron muy bien los pioneros de los estudios económicos, como los fisiócratas, quienes por su condición de médicos pudieron hacer las analogías entre el funcionamiento de la economía y el funcionamiento del cuerpo humano como sistema. A pesar del tiempo transcurrido y de todo el avance alcanzado posteriormente por el pensamiento económico, la idea de los fisiócratas del funcionamiento de la economía como un sistema integrado tiene y tendrá siempre plena vigencia.
En forma de metáfora podríamos decir que la moneda es a la economía lo que la sangre es al cuerpo humano; por ello, si no se soluciona el problema monetario y cambiario el resto de las actividades económicas se verán siempre afectadas. Esa es la causa principal de la inflación, la especulación y la escasez de bienes y servicios que sufre actualmente el país, fenómenos que amenazan la estabilidad política y social.
2.  Las alternativas
a)    Crear una nueva moneda a la par el dólar que he llamado el bolívar oro o
b)   Continuar con el bolívar fuerte pero realizando cambios radicales en su valor respecto al dólar (revaluando) y  haciendo también cambios radicales en la estructura de costos, precios y salarios de la economía.
3.  ¿Cuál sería la solución?
En cualquiera de los dos casos la solución sería la libertad para que la banca pública y privada venda libremente divisas y todos los ciudadanos puedan adquirirlas a un precio fijo.  
            4. ¿Por qué se adoptó y se mantiene el control de cambio?
Esa es la pregunta clave para comprender la situación de la economía venezolana. El control de cambio se adoptó porque el propio Estado y los actores económicos y financieros privados expoliaron las reservas internacionales y el país se vio obligado a instaurar el control para proteger lo poco que le quedaba de reservas. Por esa misma razón se mantiene la restricción en el presente. El temor es que si se permite la compra libre de divisas los actores económicos y financieros acaben las reservas internacionales del Banco Central en pocos días.
 5. ¿Se puede liberar el mercado cambiario sin que se afecten las reservas del Banco Central?
Esa es la otra pregunta clave. Pienso que si es posible. El mecanismo que he ideado es el siguiente: si se libera el mercado cambiario y se adopta una política que brinde seguridad e incentivos a las inversiones, las empresas nacionales y los bancos públicos y privados podrían captar divisas en los mercados internacionales y en el mercado nacional debido a la inversión de actores económicos nacionales y extranjeros en el país. El capital nacional e internacional busca siempre mercados donde invertir y llevan sus divisas a  mercados donde encuentran rentabilidad y seguridad. La libertad de cambio atraería un volumen importante de inversión nacional y extranjera pero ello requiere de una política de Estado orientada a promover la inversión.
6. ¿Cómo quedarían las reservas del Banco Central?
El Banco Central garantizaría a la banca pública y privada las divisas sólo para sectores prioritarios para el desarrollo nacional: alimentos, medicinas e insumos para la agricultura y la industria. El resto de las importaciones y pagos internacionales, como divisas para viajeros, deben ser hechos con las divisas que capte la banca privada en el mercado interno y externo.
Adoptando esa medida tal como la he enunciado no se debe temer a una estampida de divisas del Banco Central, ya que éste garantizaría divisas únicamente para las actividades prioritarias ya señaladas. Las instituciones financieras públicas y privadas reactivarían sus departamentos internacionales y sus mesas de cambio y quedarían pues en libertad para captar divisas a nivel nacional e internacional y podrían venderlas libremente al precio oficial. Esa es la diferencia fundamental con el sistema actualmente vigente.
7.  Las medidas concretas
- Formular una nueva política monetaria y cambiaria.
- Derogar la Ley de Ilícitos Cambiarios y permitir la venta libre de divisas en el país a una tasa fija, bien sea con la nueva moneda, el bolívar oro a la par del dólar que he propuesto o, bien, a través del bolívar fuerte, pero revaluado, con las limitaciones anteriormente explicadas.
- La nueva política monetaria y cambiaria implicaría, de hecho, la aplicación de un esquema estricto de control de costos y precios  en toda la economía y un control de importaciones para evitar lo superfluo y la promoción de la producción nacional de bienes y servicios en forma intensa, especialmente de la agricultura y la industria.
8.  Efectos de esas medidas         
Se acabaría con la especulación en el mercado no oficial de venta de divisas que actúa como marcador de los precios en el resto de la economía estimulando la especulación, se incrementaría la producción nacional de alimentos y bienes producidos por las industrias y, en consecuencia, se podrían dar los pasos necesarios para el control de la inflación, la especulación y la escasez. 

lunes, 21 de enero de 2013

¿Obtendría Venezuela alguna ventaja de la devaluación de su moneda?


La crisis económica con sus peores efectos de escasez de alimentos y otros productos básicos, de inflación y especulación sin control ocurre simultáneamente a la crisis política, por eso una y otra deben considerarse conjuntamente y no en forma separada. Lo político no está desvinculado de lo económico y si no se atiende esto último podrían producirse serias repercusiones sociales.

  1. Origen del planteamiento
La expectativa de devaluación de la moneda ha sido alimentada ex profeso por algunos expertos desde el pasado año 2012 para satisfacer intereses personales o de grupos económicos nacionales e internacionales, haciéndole un inmenso daño al país, ya que los especuladores utilizan el argumento de la devaluación para justificar el aumento de precios en la economía. El gobierno ha guardado silencio y hasta ahora no ha dicho qué decidirá en materia cambiaria. Pero la amenaza de devaluación está allí, presente.
Por las razones antes expresadas he considerado un deber exponer un concepto diferente que, por lo demás, tiene una sólida base racional y lógica; lo explico:
Ante el evidente deterioro de la capacidad de compra del bolívar fuerte, se debe crear una nueva moneda sólida, a la par del dólar, el bolívar oro, respaldado por dos riquezas de Venezuela que tienen un valor irrefutable: el petróleo, que se transa en dólares y el oro, que también se transa en dólares y que constituyen ambos –el dólar y el oro- los instrumentos de reserva monetaria aceptados universalmente hasta ahora.
Para dar respuesta a algunas observaciones, debo decir que la economía venezolana, por su condición de país petrolero importante, no puede ser comparada con Argentina que, a pesar de formar parte de las primeras economías del mundo, tiene condiciones diferentes a las de Venezuela. Los países petroleros, en general, por su alto ingreso de divisas, son considerados separadamente, de manera especial en todas las instancias internacionales y así incluso lo reflejan las estadísticas internacionales.
No se puede comparar, pues, la Argentina de Domingo Cavallo con Venezuela; Argentina sufría una hiperinflación que, Cavallo, sin embargo, logró controlar, lo que no habían hecho ninguno de sus antecesores.  Venezuela no debe copiar modelos de otros países para desarrollarlos mecánicamente aquí  porque es un país distinto y tiene que encontrar sus propias soluciones. La aplicación de modelos foráneos fue lo que pasó a partir de 1989 con la imposición de las políticas del Fondo Monetario Internacional cuyas consecuencias todos conocemos y sufrimos. La creación del bolívar oro es, pues, una solución diferente por las condiciones especiales de Venezuela como país petrolero.

  1. El bolívar oro tendría el mayor respaldo
Venezuela es una nación en la que no debería haber pobreza, porque es un país al que la naturaleza le ha otorgado los recursos naturales más útiles y valorados en el mundo: agua abundante, tierras propicias para la agricultura, minerales de gran valor como el oro y la fuente energética más importante que existe en la humanidad, el petróleo, como puede apreciarse en el siguiente cuadro.
  1.  ¿Qué significan estas cifras?
Bueno, simplemente que Venezuela tiene las más grandes reservas de petróleo del mundo, mayores, incluso, que las de Arabia Saudita.
Cada barril de petróleo tiene un valor promedio de 100 dólares de los Estados Unidos; en consecuencia, podemos calcular que las reservas petroleras venezolanas representan 297.571.000.000 x 100 = 29757100000000 U.S. $.
A ello hay que agregar el valor de las reservas de oro: a) las existentes como reservas internacionales y b) las que existen en el subsuelo venezolano.

  1. ¿Por qué estas cifras son importantes?
La respuesta es muy simple: porque después de la Segunda Guerra Mundial, los países acordaron en Breton Woods que el respaldo de las monedas se efectuaría en dólares de los Estados Unidos de América. Es por esa razón que desde entonces los bancos centrales de los países mantienen sus reservas principalmente en U.S. dólares y complementariamente en oro. Venezuela tiene, pues, abundancia de uno y otro recurso, en términos reales y potenciales, en consecuencia, es un país en condiciones privilegiadas para negociar internacionalmente y con capacidad suficiente para crear una moneda fuerte a la par del dólar.

  1. ¿Obtendría Venezuela alguna ventaja de la devaluación?
Esa es la pregunta clave. Los promotores de la devaluación dicen que ésta es inevitable por cuatro razones: a) el alto tipo de cambio en el mercado informal d) el bajo nivel de reservas operativas del Banco Central c) el alto nivel de importaciones y c) el déficit de las finanzas públicas. Pues bien, ninguna de esas situaciones son corregidas por una devaluación sino que, por el contrario, la devaluación provocaría un efecto contrario en las cuatro variables antes mencionadas. No se resolvería el alto tipo de cambio en el mercado informal, tampoco aumentaría el nivel de reservas líquidas, las importaciones no disminuirían y el déficit de las finanzas públicas más bien aumentaría, porque los trabajadores del sector público exigirían mayores ingresos y todos los bienes y servicios que el Estado compra aumentarían también de precio.

  1. Escasez y devaluación
Tampoco es cierto que si no se devalúa la moneda la escasez de bienes aumentará. Ocurrirá todo lo contrario, es decir, si se devalúa los empresarios necesitarán más bolívares para importar y/o pagar internamente el precio de los bienes que compran y ello más bien acentuará la escasez.  Los economistas que dicen lo contrario viven en el mundo al revés, en el mundo del absurdo.

  1.  No a la devaluación
El argumento de que las monedas devaluadas son las que compiten mejor internacionalmente no es cierto. El mundo compra según su necesidad y no sólo en base al precio más bajo. Si el precio fuese lo único determinante de la demanda en el mercado entonces la demanda de petróleo hubiese caído violentamente a partir del momento en que sus precios se elevaron en 1974 hasta ahora pero no es así; el petróleo se vende a cualquier alto precio porque el mercado lo necesita. Lo mismo ocurre con ciertos alimentos y otros productos industriales que se venden a cualquier alto precio porque simplemente el mercado no tiene otra opción sino comprarlos no importa su valor. Esa es la verdad.
De manera que quienes defienden la devaluación de las monedas como fórmula para competir en los mercados no tienen razón en toda su argumentación. La devaluación es la tesis preferida de los débiles en el mercado, no de los fuertes, quienes siempre pueden vender sus productos aún a los más altos precios.

5. Conclusiones
- El gobierno debe aprender a resolver sus necesidades financieras sin apelar a la devaluación de la moneda, ya que existen otras formas de financiar el gasto público. El concepto de dinero inorgánico que emplean algunos expertos para criticar la emisión de dinero es una mentira. Asegurar que existe dinero inorgánico supone, por lógica simple, que existe su opuesto, el dinero orgánico y esto es absurdo e ilógico, (compruébelo usted leyendo el concepto de inorgánico en el diccionario de la Real Academia).  Ahora bien, si por inorgánico los expertos quieren decir que determinado dinero no tiene respaldo verdadero, entonces todo el dinero que circula en el mundo es inorgánico porque no tiene valor intrínseco ni respaldo real; esto incluye la moneda patrón, el dólar, cuyo único respaldo es la confianza de los actores económicos que lo aceptan como medio internacional de pago, más nada.
- Los empresarios deben aprender a competir internacionalmente y a no pretender sacrificar al país devaluando la moneda para hacer competitivos sus productos en los mercados internacionales.
- Una moneda fuerte, a la par del dólar, no dispararía las importaciones; para eso está el Estado, para racionalizar las importaciones y no permitir que se desboquen.
- Tampoco tiene por qué afectarse la cuenta de capital, las reservas internacionales, porque se pueden establecer formulas para impedir la compra especulativa de divisas.
- Una nueva moneda fuerte es el primer paso para el desarrollo de una efectiva política de combate a la inflación y a la especulación.
- La solución al problema monetario y cambiario es clave para resolver los problemas de Venezuela; un país con tantos recursos no debería tener pobreza.
- El respaldo de la nueva moneda, el bolívar oro, a la par del dólar, es la inmensa riqueza petrolera de Venezuela que se transa en dólares y su inmensa riqueza aurífera que también se transa en dólares y que constituyen los instrumentos de reserva internacionalmente aceptados hasta ahora.
- La devaluación de la moneda no generaría ningún beneficio a Venezuela sino todo lo contrario: provocaría más inflación, más especulación y tampoco resolvería los problemas económicos básicos: la insuficiencia de reservas líquidas, la escasez de bienes de consumo, el aumento de las importaciones ni el déficit fiscal.